
Esta escultura móvil, concebida en 1985, se despliega como un organismo vivo impulsado por el viento. Sus formas ligeras y articuladas generan movimientos suaves y cambiantes, creando un diálogo constante con el espacio que la rodea. Los colores variados aportan dinamismo visual, evocando diversidad y creatividad. La pieza no es estática: se transforma, se adapta, respira. Simboliza la libertad de expresión, entendida como flujo continuo de ideas en movimiento. Cada giro y balanceo representa voces distintas que conviven sin imponerse. Esta movilidad abierta sugiere un territorio donde la comunicación no tiene fronteras. En cierto modo, anticipa lo que hoy reconocemos como Internet: un intercambio vivo, global y compartido. La obra celebra el derecho a imaginar y a transmitir sin límites.