los cuatro invasores interactivo 
Cuatro teléfonos móviles ya desusados reposan en el interior de la obra. Han escuchado fragmentos de innumerables vidas: conversaciones íntimas, discusiones triviales, silencios prolongados, interferencias y voces superpuestas. Durante años fueron testigos involuntarios de la cotidianidad humana.
En esta obra, los cuatro dispositivos se presentan como invasores de la vida de las personas. Aunque enterrados en silicona en el centro del cuadro, no están muertos. Permanecen latentes, atrapados en una materia que los inmoviliza pero no los silencia. Aún viven, y de hecho, todavía se perciben sus interferencias, como un eco persistente de la presencia tecnológica que nunca llega a desaparecer del todo.